Mostrando entradas con la etiqueta Geopolítica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Geopolítica. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de febrero de 2009

Complementando la entrada anterior (Una muy mala noticia para el imperio), dejo este artículo que reflexiona sobre las posibles trayectorias del proyecto de Hugo Chávez. Igual de reflexivo es el artículo de Ana Esther Ceceña, (Geopolítica de la enmienda) escrito antes de que se efectuara el referéndum.

http://www.jornada.unam.mx/2009/02/22/index.php?section=opinion&article=018a1pol
Venezuela: escenarios posibles
Guillermo Almeyra
Domingo 22 de Febrero de 2009


El triunfo electoral de Hugo Chávez, con un millón de votos de diferencia, fortalece a su gobierno en el plano nacional e internacional. Sin embargo, ni el imperialismo ni los opositores de la derecha recalcitrante cejarán en la lucha por derribarlo. Estudiar, por tanto, los distintos escenarios posibles, es ejercicio necesario.

Toda la derecha y los sectores conservadores esta vez se unieron en el No, un solo punto claro y simple, y aun así perdieron. De modo que, salvo catástrofes sociales imprevistas que rompan la alianza entre el gobierno y los sectores populares mayoritarios, es evidente que en las elecciones siguientes (para la Asamblea Nacional, para la elección presidencial) lo más probable es que se repita en las urnas el triunfo gubernamental frente a una derecha que estará más dividida del centro derecha.

Si el éxito obtenido ha significado para el gobierno el reforzamiento –para bien y para mal– de la tendencia centrípeta; para la oposición, por el contrario, fortaleció las tendencias centrífugas; o sea que en el seno de la actual oposición surgirán más claramente posiciones de adaptación a esta realidad, líneas conciliadoras, grupos que, por desmoralización u oportunismo, tenderán puentes hacia el gobierno chavista. Los sectores opositores más duros, por el contrario, sacarán una conclusión opuesta. Y, al ver que por la vía de las urnas el camino al gobierno está cerrado, recurrirán a las vías extralegales, es decir, a la conspiración, los preparativos de levantamientos cívico-militares, la compra de militares y de altos funcionarios, e incluso los atentados contra Chávez, con ayuda de las trasnacionales y, sobre todo, de la diplomacia estadunidense.

Los distintos sectores del gobierno, con la victoria en el referendo, han reforzado, por su parte, su unidad y su posición. Pero precisamente este hecho podría llevar a algunos a buscar lazos con los opositores más llevados a la conciliación. Esto es lógico y necesario (conviene dividir más al bloque opositor). Pero, dada la composición de clase y las similitudes en la visión del mundo y en las afinidades ideológicas que existen entre la derecha del aparato gubernamental chavista y el centroderecha, se corre el riesgo de que se borren las fronteras entre los que, de una u otra manera, se llaman bolivarianos, y los opositores más o menos conciliadores o democráticos.
Éstos, de uno u otro modo –o siendo cooptados o formando la opinión política y social de la derecha chavista militar o civil– lograrían carta de ciudadanía política entre los bolivarianos moderados y meterían una importante cuña ideológica en el aparato chavista. Sobre todo porque el chavismo no ha definido aún si se apoya en la organización y los poderes populares (misiones, barrio adentro, municipios) esencialmente para que el aparato estatal centralizado y vertical tenga mayor margen de maniobra frente a los empresarios bolivarianos a los que busca privilegiar y desarrollar o si, por el contrario, quiere dar un protagonismo en la construcción de un sistema social alternativo a los trabajadores y sus gérmenes de poder.

Porque, en un Estado con fuerte centralización y verticalismo, que se apoya en el ejército y que practica una economía capitalista de Estado, la primera opción conduce al aumento de la dominación capitalista sobre los oprimidos y explotados y, por tanto, favorece la construcción de un bloque conservador entre la boliburguesía y las clases medias asustadas por la crisis económica y social, mientras la segunda lleva, por el contrario, a desarrollar la creatividad y la independencia política del pueblo venezolano, a unir horizontalmente las experiencias de democracia directa, a descentralizar el Estado y debilitarlo como aparato, a desarrollar experiencias productivas alternativas y autogestionarias en el territorio, reforzando la revolución.

Ahora bien, la opción entre ambas vías debe hacerse ahora, ya mismo, porque la crisis mundial reducirá el consumo energético y, por tanto, el precio del petróleo venezolano y el número de barriles de crudo exportados, porque la desocupación crecerá y se achicarán las reservas en divisas y, además, se reducirán los salarios reales y aumentará la pobreza. La boliburguesía lucra con los negocios, con la corrupción, con la fuga de divisas y las importaciones de lujo. O sea, con todo lo que hay que impedir si se quiere una verdadera revolución y privilegiar el mercado interno y los consumos esenciales. Y la renta extraordinaria del petróleo ya no alcanza para asegurar lo necesario para el desarrollo social, hacer una política internacional solidaria y, además, mantener el lujo, la corrupción, el despilfarro.

Un viraje conciliador hacia los sectores burgueses y conservadores conlleva implícitamente una política de distribución de los ingresos favorables a los enemigos de la revolución bolivariana. Un fortalecimiento de las experiencias de autorganización y de autogestión, y de los organismos del poder popular, además de aumentar el peso de los mismos en el bloque político que da base al gobierno, reforzaría el desarrollo nacional, la producción, el consumo, el control del modo en que se gasta cada dólar, la responsabilidad política de cada uno, que comenzaría así a ser ciudadano y no mero objeto pasivo de decisiones de un aparato superior y ajeno.

El proverbio dice que la ocasión es como el fierro y que hay que golpearla mientras está caliente. La victoria electoral, por consiguiente, debe ser base para nuevas definiciones: se ganó una batalla menor, en el terreno más conveniente para la revolución bolivariana, pero la guerra sigue, más encarnizada que nunca, y no se debe permitir la reorganización del enemigo ni la dispersión de las propias fuerzas.

Referéndum en Venezuela


A una semana del referéndum constitucional en Venezuela, rescato este artículo que pone sobre la mesa dos aspectos centrales: 1/ América Latina y la geopolítica mundial y 2/ Los modos de la derecha en cuanto a manipulación y acción.


Una muy mala noticia para el imperio
Profundizando la democracia
Atilio A. Boron
Página/12


La enmienda constitucional que el pueblo venezolano aprobó ayer puso en evidencia la desesperación de los adversarios, de adentro y de afuera, de la Revolución Bolivariana. Son conscientes de que la consolidación del liderazgo de Chávez y la continuidad de su proyecto afianzarán el fiel de la balanza política regional en el espacio de la izquierda, y eso es una muy mala noticia para el imperio.


Si hay alguien que tiene capacidad para percibir los significados históricos de estas cosas es Fidel. Y en su Reflexión del 13 de febrero escribió que “nuestro futuro es inseparable de lo que ocurra el próximo domingo. El destino de los pueblos de ‘Nuestra América’ dependerá mucho de esa victoria y será un hecho que influirá en el resto del planeta”. Es precisamente por eso que la voz de orden de la derecha imperial es desembarazarse de Chávez lo antes posible. Si se puede por la vía institucional, bien; si no, deberá recurrirse a los métodos tradicionales que la CIA conoce a la perfección. Recordemos que la legislación estadounidense faculta al presidente a ordenar el asesinato de un mandatario extranjero, o la tortura a prisioneros, en caso de que la seguridad nacional del país se vea amenazada por tan temibles sujetos.


Esta es la clave que permite entender la feroz agresividad en contra de la figura de Chávez y la campaña en contra de la enmienda constitucional. Y las innumerables provocaciones que continuamente lo acosan. La última, un par de días atrás, a cargo del eurodiputado por el Partido Popular, Luis Herrero, quien llegó a Caracas en calidad de “observador” del referéndum y al rato se inmiscuyó en la política interna venezolana al aconsejar a los electores que no se amedrentaran ante “un dictador” como Chávez. Herrero cometió una grosería que lo descalifica de su pretendido papel de “observador” y que lo desenmascara por completo: es un provocador profesional que pertenece al partido que agrupa a la derecha más cavernícola de España, a los herederos del franquismo y a los nostálgicos de los buenos tiempos de la Inquisición y la alianza de la cruz y la espada. Su exabrupto fue recibido por toda la “prensa seria” como una prueba más del carácter dictatorial de la Revolución Bolivariana, lo que demuestra por enésima vez su incurable mendacidad y su total falta de escrúpulos morales.


Una prensa que, por ejemplo, jamás dijo una palabra con relación al escandaloso proceso que llevó a la reelección de Álvaro Uribe en Colombia y que la Justicia de ese país demostró que fue posible mediante el soborno a dos diputados de la oposición que, con el paso del tiempo, confesaron su delito. El operador de todo este escándalo fue el ministro de Gobierno de Uribe, quien al conocerse la sentencia del Tribunal Supremo fue velozmente designado embajador en la Santa Sede, que al no ser divorciado lo recibió alborozada en su seno sin hacer pregunta alguna. Y en cuanto a la nueva propuesta de re-reelección de Uribe, los sedicentes defensores de la democracia que se rasgan las vestiduras ante un gobernante como Chávez, que en diez años convocó a quince elecciones generales, nada dicen que aquél logró que la Cámara de Diputados aprobara su proyecto de reelección en una sesión extraordinaria, convocada de extrema urgencia y en cuestión de horas por el oficialismo para las 12 de la noche y ante la casi total ausencia de la desprevenida oposición. Pero eso es democracia; lo de Chávez, que siguió todos los pasos que manda la legalidad vigente, es dictadura.


Los publicistas del Imperio y la plutocracia venezolana machacaron continuamente que la aprobación de la enmienda significaría que Chávez iría a gobernar indefinidamente. Fieles a su tradición, tergiversaron lo que estaba en discusión, procurando de ese modo engañar a la opinión pública. Ocultaron a sabiendas que la enmienda lo único que hace es habilitar la reelección de un presidente, un gobernador o un alcalde. Hay varios gobernadores y alcaldes que se oponen a Chávez y que podrán aprovecharse de esta reforma. De hecho, uno de esos gobernadores participó en el Comando del Sí, lo que ahorra mayores comentarios.


La existencia de una norma semejante rige en los principales países de Europa: es por eso que Helmut Kohl pudo ser canciller de Alemania durante dieciséis años y si no continuó en el poder fue debido a un escándalo financiero que lo desacreditó ante la opinión pública de su país. Felipe González fue presidente del gobierno de España durante catorce años y Margaret Thatcher, primera ministra del Reino Unido por once años.


Si no continuaron en sus cargos fue porque perdieron el consenso popular, no porque hubiera una cláusula de “no reelección” que lo impidiera. Hay varios casos similares en Europa. Francia, sin ir más lejos, autoriza una reelección presidencial para un mandato de siete años cada uno. Todos los últimos presidentes de Francia duraron catorce años en el poder.


En suma: la cláusula aprobada ayer (en Venezuela) es la contrapartida de otra, profundamente democrática también, que le otorga a la ciudadanía la capacidad para desalojar de su cargo a quien mal se desempeñe en el mismo. Esta cláusula revocatoria es un arma formidable que la Constitución Bolivariana puso en manos del pueblo; pero todavía no le ofrecía la necesaria contraparte: la capacidad para reelegir a quien había gobernado bien.


Se podía castigar a un mal gobierno, pero el pueblo era impotente para garantizar la continuación de uno bueno. Esa paradoja constitucional ha sido resuelta y ahora tiene esa capacidad, con lo cual la democracia bolivariana adquiere una densidad y una profundidad casi sin parangón en el concierto mundial.

* Politólogo.


domingo, 15 de febrero de 2009

Referéndum en Venezuela

La verdad sobre el referéndum para enmendar la Constitución de Venezuela
Jorge Arreaza
Rebelión

14-02-2009

Mucho se ha dicho y escrito sobre el referéndum que se celebrará en Venezuela el próximo 15 de febrero para modificar cinco artículos de la Constitución, con el simple objetivo de permitir que los candidatos a los cargos de elección popular (diputados, alcaldes, gobernadores y presidente de la República) puedan postularse sin que exista más limitación para ejercer el cargo que la voluntad popular expresada en elecciones periódicas. De ser aprobada la enmienda en dicho referéndum, Venezuela pasará a tener simplemente un sistema similar al existente en España y en la mayor parte de las democracias europeas, donde la posibilidad de reelección popular no está sometida a un número determinado de períodos.


Recordemos que Felipe González llegó en cuatro ocasiones a ser elegido presidente del Gobierno de España, ejerciendo este cargo entre 1982 y 1996; al presentarse por quinta vez perdió frente a José María Aznar, quien le sucedió en el cargo. Igualmente el actual presidente de la Comunidad Autónoma de Andalucía, Manuel Chaves, continúa ejerciendo dicho cargo para el que fue electo por vez primera hace 18 años. El señor Chaves en las últimas elecciones autonómicas celebradas en el año 2006 ganó con mayoría absoluta. Podrán gustar al lector más o menos Felipe González o Manuel Chaves, pero ¿Quién se atrevería a decir que estos políticos españoles son dictadores sin legitimidad democrática? Tal aseveración sería una vil mentira ¿Por qué entonces se muestra la enmienda constitucional que va a decidir el pueblo venezolano mediante un referéndum como un abuso de poder, un atentado contra la democracia y el Presidente Chávez es calificado como un tirano?


Pues bien, los medios de prensa escrita de mayor difusión en España se han esforzado sobremanera por mostrar la enmienda a la constitución venezolana como un atentado contra la democracia y al Presidente Chávez como un usurpador de la voluntad popular. Valga ahora mencionar algunos ejemplos recientes de esta manipulación y deformación de la información, como lo fueron el editorial de El País, publicado el 9 de febrero con motivo del aniversario de una década de Chávez al frente de Venezuela, y en el se afirma sin base alguna en su subtítulo que “El proyecto socialista y bolivariano ha derivado en un régimen personalista y autoritario”; la noticia de ABC que el 28 de enero lleva por título “Chávez ganaría el referéndum para perpetuarse en el poder”; el artículo del consejo editorial de El Mundo donde se asevera que el Presidente Chávez “valiéndose de artimañas constitucionales” pretende “eternizarse en el poder”; por último mencionar también la entrevista realizada por La Vanguardia al dirigente opositor Yon Goicochea que selecciona como título la cita “no podemos permitir un rey en Venezuela”.


Pareciera entonces que los mencionados diarios españoles están realizando ingentes esfuerzos por crear la falsa matriz de opinión de que el referéndum del próximo domingo es para establecer una reelección indefinida, violándose el derecho de los lectores de estos diarios de recibir una información veraz, pues en Venezuela las “reglas de juego” siguen ajustándose perfectamente a la democracia y todo está definido en la Constitución y las leyes.


Pero junto a la supuesta restricción de las libertades democráticas en Venezuela, se iniciaron otras campañas de desprestigio contra el Gobierno bolivariano durante las últimas semanas. De ellas la más grave y con mayor repercusión internacional ha sido calificar al Gobierno chavista como antisemita tras el asalto a una sinagoga de Caracas. Este fue sin duda un acto deplorable, pero muchos medios nacionales y extranjeros señalaron inmediatamente que el hecho fue responsabilidad del Gobierno de Chávez, llegando a haber manifestaciones de protesta contra Venezuela frente a la sede de la ONU en Nueva York. En estos días se ha detenido a una docena de personas involucradas en el crimen, y parece bastante claro que el asalto de la sinagoga fue motivado por el robo de objetos de valor que allí se encontraban y que los mensajes racistas que los delincuentes dejaron por todo el edificio tenían la finalidad de confundir a las autoridades. Hasta el momento, aunque el caso ha sido resuelto, nadie se ha retractado de las acusaciones de antisemitismo vertidas sobre el presidente Chávez.


El terrible resultado de esta guerra mediática en contra de la imagen del Presidente Chávez y sus políticas, es que hoy día se le considera como el líder internacional peor valorado por los españoles, según se desprende del barómetro del Real Instituto Elcano realizado a finales del año 2007. Si los españoles conocieran la realidad de Venezuela de una manera objetiva y no a través del deformado prisma de estos tendenciosos medios, la percepción sería otra completamente diferente y con seguridad muchos apoyarían y/o respetarán el genuino proceso de transformación social que estamos viviendo los venezolanos. Tal y como ocurre con la gran mayoría del pueblo de Venezuela, que ha dado su confianza al Presidente Chávez siempre en democracia y plena consciencia.


Los pueblos del mundo, incluyendo el español, serán testigos de excepción este domingo cuando se desarrolle este democrático referendo en el que los venezolanos, soberanamente, sin injerencias, decidirán ampliar sus derechos políticos y avanzar hacia la democracia directa, una democracia real, una democracia que se profundiza día tras día. Es comprensible, sin embargo, desde la lógica del poder y las leyes del capitalismo, que el fin de la tergiversación mediática se deba al temor que existe en los grandes centros de poder económico – político del planeta, vistas las transformaciones estructurales, pacíficas y democráticas que están multiplicándose en nuestros países. Esa guerra comunicacional patrocinada por los grandes concentradores del capital y la esperanza, buscando desprestigiar los procesos democráticos que se adelantan en Nuestra América, es una reacción hasta natural de los poderosos, que saben que de replicarse en sus países procesos similares, implicaría el final del gobierno de los pocos y el ejercicio del poder popular de sus pueblos, la justicia social y el fin de sus groseros privilegios.



Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=80835

jueves, 12 de febrero de 2009

Geopolítica de la Enmienda

Geopolítica de la enmienda
Ana Esther Ceceña

Hace diez años Venezuela emprendió un cambio de ruta que ha marcado profundamente los tiempos latinoamericanos.

Hace diez años también, como producto de la llamada revolución en los asuntos militares y haciendo frente al desgaste de la política neoliberal, rechazada por los pueblos del Continente, inicia una nueva etapa en las relaciones de Estados Unidos con América Latina y el Caribe.
Dos procesos contradictorios, con profundas implicaciones geopolíticas, van modificando desde entonces el panorama:

1. Con la salida de Panamá en 1999-2000 no hay una retirada militar de Estados Unidos de la región latinoamericana y caribeña sino una ampliación de su presencia directa e indirecta. La posición de Panamá se extiende hacia Ecuador (Manta), Curaçao y El Salvador, como primer paso de una escalada militar sorda que ha fortalecido y multiplicado posiciones y que hoy se complementa con el reinicio de operaciones de la IV Flota, que coloca un cerco militar en la frontera de las aguas territoriales, sólo interrumpido ocasionalmente por la presencia de la Flota rusa en las costas venezolanas.

Las posiciones en tierra se han extendido –y lo siguen haciendo- conformando un cinturón en torno a los países con procesos democráticos y que incluso se han declarado en vías de construcción del socialismo (con las particularidades de cada caso), y afianzando las posiciones en el Caribe con la ocupación de Haití y la modernización de la ominosa base de Guantánamo.
Como parte de esta presencia militar reforzada, y siguiendo las líneas tradicionales de construcción de aliados, se abre un flanco político que parte de Colombia y se extiende hacia Perú y México, con derivaciones más sutiles hacia otros gobiernos del Continente. Esta articulación de intereses, explícita en los tratados económicos pero también, significativamente, en los acuerdos y homologaciones de seguridad, busca detener, si no revertir, el derrame de los proyectos y movilizaciones populares, sean estatizados o no, que obstaculizan los proyectos hegemónicos y que amenazan con reproducirse en toda la región.

2. Después de un periodo de desánimo en el que parecía que la historia había tocado fondo y la resistencia al capitalismo era inútil; que las utopías no tenían modo de concretarse y que no había alternativa posible, el levantamiento zapatista en 1994 marca un salto de calidad en la dinámica de las resistencias continentales y de ahí en adelante no dejan de proliferar propuestas, movimientos, e incluso iniciativas políticas que caminando por vías convencionales transforman el sentido de la llegada a la Presidencia en algunos de nuestros países.

Movimientos impidiendo el saqueo de recursos, la depredación de selvas y bosques, haciendo frente a las invasiones de tierras, defendiendo el agua y la naturaleza, oponiéndose a los tratados de libre comercio, echando abajo el ALCA; gobiernos reclamando su derecho a decidir soberanamente, expulsando embajadores intervencionistas, renegociando condiciones de aprovechamiento de los recursos de la nación; pueblos en proceso de refundación, asambleas constituyentes, nuevas Constituciones y reglas del juego.

El equilibrio regional se modifica mediante la conformación de un pequeño pero muy influyente y significativo bloque contrahegemónico. A Cuba, en resistencia a las políticas del imperio desde hace 50 años, se suma Venezuela con un proyecto social que contradice los dogmas y prácticas neoliberales y, más recientemente, Bolivia y Ecuador, cada uno con sus especificidades y sus contradicciones, pero encabezando una alternativa no ortodoxa de desarrollo, incluso cuestionando el desarrollo como objetivo y colocando en su lugar la búsqueda de la sociedad del buen vivir.

Dentro de este grupo de países destaca la posición de Bolivia por la fuerza y carácter propositivo de sus movimientos populares, independientes de las dinámicas estatales pero entrelazados con ellas en el momento actual; sobresale el caso de Ecuador por su disputa contra el militarismo, tanto en el frente colombiano como directamente con Estados Unidos en las negociaciones sobre la base de Manta, la defensa de la soberanía y el amplio proceso constituyente.

Pero sin Venezuela transparentando las negociaciones del ALCA no se hubiera podido detener ese proyecto, tan costoso para el Continente y tan vital para Estados Unidos. Sin la fuerza petrolera de Venezuela no tendríamos hoy, a pesar de la enorme solidaridad y esfuerzo de los protagonistas directos, amplias zonas libres de analfabetismo y con una atención médica de calidad, a la que nunca antes habían tenido acceso.

A pesar de todas las carencias y contradicciones del proceso venezolano (como todos las tienen), a pesar de que la fuerza social que lo impulsa no tiene las dimensiones que corresponderían a su potencia geopolítica, Venezuela juega un rol central en el rediseño de una realidad nueva para nuestra América.

Su importancia geopolítica y económica es uno de los pilares de esta transformación continental, heredera de las luchas del pasado pero establecida sobre nuevas condiciones. La promoción de articulaciones solidarias como las del ALBA y Petrocaribe ha sentado precedentes de relaciones internacionales con un nuevo carácter; la generación de un sistema mediático, muy bueno pero con mucho por construir hacia adelante, ha roto el monopolio de la verdad producida por las grandes cadenas hegemónicas; la sola presencia de Venezuela ha limitado los proyectos intervencionistas de Estados Unidos en la región aunque por la misma razón la ha colocado en el lugar del enemigo evidente.

Con un proyecto de transformación social que tiene indudables logros, mantener hoy el proceso en curso requiere de ampliar los espacios de debate y las instancias de toma de decisiones. “Todo dentro de la revolución”, como dirían los cubanos, pero revolucionando desde las concepciones hasta las prácticas. Entre otros:

- Se requiere abrir un profundo debate sobre la otra economía, cuestionador de las salidas desarrollistas que no hacen sino reproducir, con un rostro temporalmente menos agresivo y aparentemente autóctono, las líneas básicas de la economía capitalista.

- Para hablar de alternativas hoy es necesario repensar la vida como un todo y no contentarse con cambiar la propiedad del capital, por más que eso constituya la mayoría de las veces un avance. Hay que someter a una revisión profunda la modalidad industrial de producción de la vida, que termina depredándola.

- Es necesario repensar lo que se entiende por fuerzas productivas, cuestionar y modificar la manera como se usa la naturaleza, buscar la recuperación de los valores de uso y la gestión colectiva.

- Pasar a una socialización del poder repartiéndolo entre los grupos organizados de la sociedad, promover la autogestión como base de formas políticas emancipatorias.

- Es preciso emprender una batalla por los sentidos de realidad, por las interpretaciones del mundo y por la construcción de explicaciones integrales desde la resistencia y los proyectos de transformación.

- Hace falta trasladar la organización colectiva de los barrios a los espacios de gobierno y estimular el involucramiento colectivo y amplio en la construcción de un futuro distinto.
Lo que hay por transformar o construir es inmenso, pero el proceso ya inició y las posibilidades están abiertas.

El referéndum del 15 de febrero, que no garantiza la reelección indefinida aunque la posibilita, implica mucho más que una enmienda constitucional: están en juego los equilibrios geopolíticos de la región, los proyectos de articulación solidaria, el derecho a la autodeterminación de los pueblos y, así como están las cosas, la prosecución misma del proceso bolivariano en Venezuela.

- Ana Esther Ceceña, economista mexicana, es investigadora en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Observatorio Latinoamericano de Geopolítica. http://www.geopolitica.ws/

Fuente: América Latina en Movimiento http://alainet.org/active/28948