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jueves, 24 de junio de 2010

"Me voy, pero no me rindo"

CARTA DE AMÉRICA DEL VALLE
Al pueblo de México:
A los pueblos de la orilla del agua, Atenco:
A mi madre, a mi padre y mis hermanos:
A todas las organizaciones y personas que luchan por la libertad y la justicia en nuestro país:

Han pasado cuatro años desde aquella bárbara agresión del gobierno federal y el gobierno del Estado de México contra nuestro pueblo digno y rebelde de San Salvador Atenco. Desde aquellas salvajes golpizas contra hombres, mujeres y niños; del allanamiento y destrozo de nuestros hogares; el asesinato de Alexis Benhumea y Javier Cortés; el encarcelamiento de más de 200 compañeros; la humillación y violación de decenas de nuestras compañeras durante su traslado al penal; la expulsión del país de amigas chilenas, alemanas y españolas que atestiguaron y sufrieron la represión. Todo, a manos de los cuerpos policíacos estatal, federal y municipal. Todo, ordenado, dirigido y supervisado personalmente desde un lugar situado a unos metros de los hechos, por el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto. Todo, impulsado por la presidencia de la República para cobrarnos la afrenta de haberle impedido arrebatarnos nuestras tierras para cerrar el negocio del sexenio: el de abrir un nuevo aeropuerto con un corredor comercial a todo lujo de varios kilómetros de largo.

Durante estos cuatro años hemos debido luchar y resistir en condiciones sumamente adversas, pero aún así hemos logrado liberar a la mayoría de los presos, han vuelto a su casa la mayoría de los perseguidos y lo más importante es que el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) está vivo y luchando incansablemente por la libertad de los presos que faltan, pero también atento a impedir el despojo de nuestras tierras.

Hoy estamos a escasos días del desenlace jurídico de la lucha por la libertad de nuestros presos. Hemos jugado la última carta legal que tenemos para lograrlo (el amparo definitivo), y la decisión está en manos de la última instancia legal a la que podemos recurrir en México: la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

Quisiera equivocarme, pero todo apunta a que en los próximos días, los ministros atenderán a una decisión de Estado: dejar en la cárcel a algunos presos políticos de Atenco. Sacarán a unos cuantos, reducirán las condenas de otros, pero la realidad es que la injusticia prevalecerá. Una decisión con la que especulan tanto el PAN como el PRI; tanto Calderón, como Peña Nieto, padre y creador de toda esta barbarie. Habiendo una decisión de Estado de por medio (como ocurre también en el caso del SME), es muy difícil que la Corte no la acate. Son contados lo jueces dispuestos a desacatar una orden así girada desde el poder. Por temor o conveniencia, por presiones o por intereses. Basta hacer un breve recuento de su reciente actuar:

La SCJN ha dejado libre e impune a un gobernador que en cadena nacional fue evidenciado protegiendo a una red de grandes empresarios pederastas denunciados por Lydia Cacho, el góber precioso no fue ni siquiera molestado por la Corte.

Más de 20 muertos dejó la represión en contra de la APPO en 2006, las fotos de los sicarios de Ulises Ruiz disparando contra el pueblo de Oaxaca aparecieron en la portada de varios diarios de circulación nacional, cuando la SCJN revisó el caso no puso tras la rejas a ninguno de los sicarios y mucho menos ejecutó acción alguna contra el gobernador oaxaqueño.

Liberó, eso si, a paramilitares responsables de la masacre de Acteal, entre ellos, dos asesinos confesos.

En el caso de la guardería ABC, puso por encima la tradicional impunidad de los funcionarios que se enriquecen a costa de abaratar la calidad de los servicios que ofrecen, al profundo grito de justicia emanado del dolor por la muerte de 49 niños.

Ya una vez la Corte discutió el caso Atenco y decidió una aberración jurídica al referir que sí hubo violaciones a los derechos, pero que nadie era responsable de tales.

En nuestra patria no hay justicia. Me parece evidente que la Corte no puede sostener la aberración indefendible del “secuestro equiparado”, lo cual anularía las vergonzosas penas de hasta 112 años de cárcel para nuestros presos. Pero tienen la orden de buscar la maniobra “legal” para que algunos de nuestros compañeros aún no salgan libres, y todo indica que eso es lo que al final decidirán, más allá de la intención honorable de algunos de los jueces de poner fin de una vez por todas a esta profunda injusticia (nuestro reconocimiento a ellos). ¿De qué se trata? De ejercer un castigo ejemplar, descomunal contra los símbolos de la lucha social. Es una forma de advertir a los que se decidan a luchar, a qué se atienen si persisten en su intento. Saben que la situación es inestable. Tienen miedo, tratan de disuadir al pueblo de toda decisión de rebelarse, para atemorizarlo. Y por eso mismo es que creo que hay una decisión de Estado. La clase política requiere mantener la amenaza vigente, y por ahora no hay mejores candidatos para ello que los rebeldes, insumisos e incorruptibles campesinos del FPDT. Pero nosotros no lo aceptamos, queremos justicia, no más engaños de los mercaderes del derecho. No nos vamos a resignar, vamos a seguir luchando, porque en un país como el nuestro, donde se cierran las puertas de la justicia, la alternativa que nos queda es luchar y organizarnos para detener tanta impunidad.

Me encuentro ahora en esta embajada en México de la República Bolivariana de Venezuela, pidiendo asilo político después de cuatro años de incesante persecución política en mi contra, de no poder salir a la calle ni ver a mis seres queridos, de no poder volver a mi casa ni a mi pueblo. Cuatro años que han sido de amedrentamiento pero también de indoblegable resistencia. Tengo varias órdenes de aprehensión en mi contra, todos los amparos que he solicitado han sido rechazados por el poder judicial. Para mi, no hay más opciones, menos ahora que la Suprema Corte de Justicia de la Nación está a punto de cometer otra brutal injusticia.

Los cargos por los que a mi me persiguen, son los mismos y en los mismos hechos que los de mi papá. Y frente a esta decisión de Estado de dejarlo preso, me he visto orillada a tomar esta decisión, el asilo político, para continuar la lucha desde fuera, pero con más fuerza y en mejores condiciones. He logrado evitar ser encarcelada cuatro años, y por supuesto que si no han logrado apresarme, menos aún lograrán que me entregue por delitos que no cometí.

Es al pueblo de Venezuela y a su presidente, a quienes pido ayuda, porque he sido testigo de su alto espíritu de solidaridad hacia los pueblos que sufren injusticia. Muestra de ello son todos los programas que otorga el pueblo venezolano con médicos, profesores, petróleo barato, operaciones de la vista a cientos de miles de pobres en nuestra América, combatiendo al imperio yanqui y al capitalismo depredador con gran fortaleza y dignidad.

Me voy, pero no me rindo. Y desde aquí quiero agradecer al pueblo humilde que me ha protegido y resguardado todos estos años; no tengo con qué pagarles más que con mi lucha y mi fuerza.

Quiero que lo sepa mi pueblo, Atenco, a quien tanto amo y admiro por su valentía, con quien tengo muchos proyectos y espero regresar pronto para concretarlos, junto a mis compañeros. Quiero que lo sepa mi padre y mi madre y toda mi familia, también que lo sepan mis hermanos de lucha de todos los rincones de mi patria que es México: Si sigo de pie es por todos ustedes, y aunque mañana esté lejos, cuéntenme entre las filas de los que resisten y luchan por un país mejor, por un México sin despotismo político, sin la corrupción, explotación y despojo que hemos sufrido por años, y que ya no estamos dispuestos a tolerar.

Y quiero que lo tengan siempre bien presente: ¡Venceremos! Ahora más que nunca, es momento de unirnos, de pelar juntos contra el enemigo común. Mineros de Cananea, de Pasta de Conchos, pueblo de La Parota y Copala, trabajadores del SME, maestros de la CNTE, estudiantes universitarios, padres de la guardería ABC, de los muertos y las muertas de Ciudad Juárez, familiares de los miles de inocentes asesinados por esta llamada “guerra” contra el narcotráfico, pueblo pobre y trabajador, sin prestaciones, ni buenos salarios, sobreexplotados y humillados, a ustedes me dirijo con todo mi respeto, tenemos que estar juntos, tenemos que acabar de una vez con tanto despojo y represión, tanto de Felipe Calderón, como de quien aspira a ser su sucesor, Enrique Peña Nieto.

Que también lo escuche fuerte y claro el Estado. No pudieron con Atenco y no podrán conmigo. Sigo y seguiré de pie, resistiendo, porque la saña de los de arriba jamás podrá marchitar la rebeldía sembrada y regada por años en la tierra de nuestra nación. Ni sus jueces ni sus medios mentirosos, ni su cárcel ni su persecución, ¡nada detendrá nuestro camino a la justicia y la libertad! En la trinchera que nos toque estar, estaremos con la frente y nuestro puño en alto.
Ni la embajada de la República Bolivariana de Venezuela, ni el Presidente Chávez, ni por supuesto los millones de venezolanos y venezolanas, tienen nada que ver con lo que afirmo. Ellos tienen su lucha propia, la cual admiro y siento como propia, pero nada han tenido que ver con mi decisión de entrar a esta embajada y pedir asilo, lo cual ha sido decisión mía, exclusivamente.

No estoy dispuesta a permanecer más tiempo escondida, acosada, maniatada. Ya son más de cuatro años así, y la situación no tiene visos de cambiar. Mi única alternativa para recuperar la libertad por ahora es acogerme al asilo político por parte de un gobierno realmente democrático y del pueblo; de una pueblo solidario con la rebeldía de sus hermanos de otras tierras. Quiero mi libertad para seguir luchando, para seguir estudiando, para seguir viviendo. Por eso he decidido pedirle al pueblo de Venezuela, a su presidente, Comandante Hugo Chávez, que me acojan en su territorio mientras logro recuperar mi derecho a seguir luchando en mi propio país.

Que el mundo entero voltee a mirar lo que sucede en México. Que observe atentamente lo que está por ocurrir en estos días: que la mayor instancia de justicia de nuestro país, es incapaz de plantar cara ante una decisión de Estado, aún cuando éste cometa la más burda y lacerante de las injusticias.

AMÉRICA DEL VALLE

martes, 10 de febrero de 2009

Exilio Interno... Entrevista con América Del Valle

América: Suerte!!!

■ Estamos en sus manos, dice la hija de Ignacio del Valle, “exiliada interna” desde 2006
Pide América del Valle a los ministros no prolongar injusticia e impunidad en Atenco
■ Pesan sobre la joven una orden de aprehensión y una demanda de “secuestro equiparado”
Blanche Petrich

América del Valle, hija de Ignacio del Valle, el líder de Atenco condenado a 112 años de prisión, sobre quien pesan una orden de aprehensión y una demanda de “secuestro equiparado” similar a la de su padre, está prófuga desde mayo de 2006. “Prófuga no es la palabra, es como decir que estoy juida de la justicia, como reconocer que cometí un crimen. Estoy en un exilio forzoso, perseguida por mis ideas. Como no tengo posibilidades de pedir asilo en otro país, vivo en un exilio interno.”

La joven exaltada, que tres años antes echaba chispas por los ojos cuando criticaba a las autoridades que ordenaron los operativos contra San Salvador Atenco, hoy se ve más serena, reflexiva. “Pero no creas, sigo furiosa por tener que vivir sin libertad, lejos de mi madre; por ver que cada vez la justicia se nos escapa de las manos; por tener que pasar las horas sentada frente a una puerta burlona que parece decirme: mira, ahí está la calle y tú no puedes salir.”

Con motivo del debate que se inicia hoy en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sobre el caso Atenco, América ofrece una entrevista a La Jornada en la que advierte: “Si la Corte no determina el castigo a los responsables de más alto nivel de los operativos del 3 y 4 de mayo de 2006, en Atenco, los jueces estarán emitiendo una garantía para la injusticia y una señal muy negativa para todos los disidentes; sería como decir: hay cheque en blanco para reprimir a los que se rebelen contra la prepotencia de los gobiernos”.

Este lunes, en alguno de los escondites que le brinda gente anónima en alguno de los cientos de barrios populares de la ciudad, América estará pegada a la televisión. Concretamente al Canal Judicial. De lo que se diga y haga en la SCJN depende la libertad de muchos, incluso la de ella. “Estamos en sus manos”, reconoce. Aunque también admite que para los atenquenses, la vía judicial “está en chino, porque lo que hemos enfrentado es una constante consigna del más alto nivel para prolongar la injusticia y la impunidad”.

–¿Tienes confianza en los ministros de la Corte?
–Mira, hay jueces como Genaro Góngora Pimentel, que fue muy derecho en el fallo de la Suprema Corte en el caso Aguas Blancas, que al menos hizo que renunciara este malvado de Rubén Figueroa, el gobernador de Guerrero. O el ministro Juan Silva Meza. Tenemos que reconocer que sí, que tenemos una posibilidad. Nosotros apelamos a la valentía y firmeza que pueda haber en algunos de sus integrantes. No en todos, claro. Algunos, como Sergio Aguirre Anguiano, sabemos que tiene una posición diametralmente contraria a la justicia.
De la rabia se aprende la paciencia

América se ve diferente desde la pasada entrevista, hace tres años...

“Sigo furiosa, rabiosa. Pero de la rabia se aprende, se puede convertir en fortaleza, en paciencia. Me tocó vivir esto; también a otros compañeros que estos tres años no han visto, como yo, a sus familias. No podemos ser libres. En mi caso ni siquiera pude estar junto al lecho de muerte de mi abuelito y mi tío Miguel.”

–¿Cómo ves las cosas ahora?
–Estoy segura de que hay que señalar a los responsables de todo esto. Ojalá no lo eluda la Corte. Hace tres años tenía miedo y lo sigo teniendo, porque toda la verdad ya ha salido a la luz, todo el terror que impuso el Estado. Pero no he dejado que el miedo me paralice. Tengo confianza en mi gente.

–¿Qué ha pasado en tu vida estos tres años?
–Ay, diosito, mi vida se hizo chiquita, así como soy yo. Suspendí proyectos académicos, personales, aunque los estudios de pedagogía los he tratado de retomar. He aprendido a hacer arroz, me salen bien las albóndigas y hasta hago bisutería. En las cuatro paredes donde me tengo que encerrar me he convertido en toda una mujercita. ¡Si mi mamá me viera! Tengo los libros, me doy permiso de cantar y de bailar, solita. Agradezco no estar en una situación extrema, como está mi padre, como estuvo mi hermano Ulises, muchos compañeros presos. Estoy convencida de que cargo con una responsabilidad que me rebasa, resistir moralmente ante mi pueblo, ante gente solidaria que ni me conoce. No me puedo dejar derrotar.

Avances y retrocesos

En algunos momentos del proceso contra los activistas presos de Atenco –permanecen 13 en prisión, 10 en Molino de Flores y tres en la cárcel de máxima seguridad del Altiplano– se han abierto rendijas de esperanza que permiten vislumbrar, al final del camino, una resolución judicial que revierta las condenas calificadas por las organizaciones de derechos humanos de “escandalosamente excesivas y desproporcionadas”.

Los tres del Altiplano, Ignacio del Valle, Héctor Galindo y Felipe Angeles, acusados de “secuestro equiparado”, tienen 67 años de pena. Del Valle tiene otros 45 adicionales por incitación a la violencia. Pero meses atrás un tribunal de circuito concedió un amparo definitivo a otros dos prófugos del Frente Popular en Defensa de la Tierra (FPDT), Bernardino Cruz y Adán Espinosa. El tribunal de circuito resolvió que no se acreditaba el delito de secuestro equiparado, que es el mismo cargo que pesa sobre los tres del penal del Altiplano y sobre la propia América.

“Pero tenemos que estar conscientes de que es una lucha larga, porque en este caso ha habido un ensañamiento muy evidente, y no sólo por parte del gobierno estatal, de Enrique Peña Nieto, sino del propio Ejecutivo, del presidente Felipe Calderón, y toda la clase política. No es pequeño el enemigo.”

En otra coyuntura, a fines de 2007 y principios de 2008 hubo otro resquicio de esperanza. América del Valle recuerda que empezó con el traslado de los más de 20 presos que estaban en el Cereso de Santiaguito a Molino de Flores. El cambio de juzgado los favoreció y en los meses siguientes empezaron a ser liberados a cuentagotas; primero, la mazahua Magdalena Durán; luego, el doctor Guillermo Selvas y su hija Mariana, así como varios más.

Sólo nos queda la movilización popular

“Pero se atravesó el asesinato del hijo de Fernando Martí, que fue una pena, desde luego. Hubo un estado de ánimo muy exaltado, se firmó el acuerdo nacional de seguridad y Peña Nieto, por adelantarse, hizo su propio plan estatal contra los secuestradores. Y nos fregó. El juez suspendió los procesos de liberación de Molino de Flores. Incluso reconoció ante los familiares que eran órdenes de arriba. Y a mi papá le dictaron otra sentencia más de 45 años, por supuesta incitación a la violencia el 3 y 4 de mayo, cuando a él ya lo tenían totalmente rodeado. Sólo fue un trofeo más de Peña Nieto.”

La pregunta surge natural: ¿qué vía de lucha va a ser determinante en este caso, la vía jurídica o la de la movilización?
–Yo creo que sólo la organización del pueblo va a obligar al gobierno a respetar la soberanía del pueblo. Es la única opción que nos queda en tanto que se nos cierran las demás puertas. Ellos son, en el caso Atenco, juez y parte.

–¿No hay desgaste?
–Sí, incluso en el propio frente hay un desgaste, que es comprensible y tiene que ver con toda la embestida que ha habido en estos tres años contra todo el movimiento popular a nivel nacional. En tres años cuántas cosas no han pasado: la represión en Oaxaca, la impunidad por el asesinato de Ernestina Ascención (...) Tiene que ver con la criminalización abierta contra los luchadores sociales.

“Pero no nos queda otra más que seguir movilizados, resistiendo, pugnando y exigiendo nuestros derechos. Pero nos queda la integridad. Yo no he sabido que nadie en mi pueblo haya dicho hasta ahora: paremos, ahí muere, yo ya no voy a luchar.”

–Hace tres años el ánimo de la mayoría de los medios de comunicación en contra de los macheteros de Atenco era muy negativo; había un linchamiento. ¿Eso ha cambiado?
–No mucho. Más bien, para las televisoras ya pasamos a un segundo plano; ya agotaron su tema para el rating. No ha cambiado su manera de vernos, nos siguen teniendo desprecio; hasta parecería que tienen vetado el tema. Pero el daño que hicieron con el linchamiento mediático, Televisa y TvAzteca, principalmente, ya está hecho.

–¿No crees que una forma de demostrar tu inocencia sería presentarte ante la justicia?
–Si la justicia de México le garantizara a cualquier perseguido político verdadera justicia, porque no soy la única en esta situación, si se aplicara esto de que uno es inocente hasta que se demuestre lo contrario y no al revés, entonces me presentaría. Pero no es así. Muchos inocentes han sido condenados y después de años sólo les dan sus cosas y un usted disculpe si les va bien. No, no me voy a entregar. Y no por falta de valor. Porque la justicia está en manos de los mismos represores.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/02/09/index.phpsection=politica&article=005n1pol